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para que todas escarmentemos en cabeza ajena. Así mismo, se trata de una palabra que no sólo describe, también se utiliza para insultar y degradar. Y para ello es fundamental que desde el feminismo no les neguemos su posición de sujetos sino que, por el contrario, apostemos por reforzar esta posición partiendo de su capacidad para decidir y remitiéndonos a ella para despertar su rebeldía. Estas definiciones hacen alusión al lugar que ocupa la puta en el imaginario sexual dominante. Todos estos estudios, aunque puedan reflejar una parte de la realidad de estas mujeres, están hechos con muestras no significativas de trabajadoras sexuales y no suelen tener como grupo de control con el que contrastar los datos a la población femenina general. Incluso podemos decir que es, entre otras cosas, una institución patriarcal cuya función simbólica es el control de la sexualidad femenina. Pero se diría que lo que se castiga en las prostitutas no es tanto el que mantengan relaciones sexuales sino que cobren por ello. El estigma de puta lleva a que toda su vida sea valorada bajo este prisma: son consideradas malas madres (ya que en el imaginario colectivo madre y puta se autoexcluyen no se respeta su vida amorosa (sus compañeros sentimentales. Desde mi punto de vista, tiene que ver con el hecho de que, contrariamente a la norma patriarcal, se muestran sexuales y manifiestan la sexualidad abiertamente, incitando a los hombres de manera explícita, sin dobleces ni recato, a comprar actos sexuales. sinonimos de prostitutas prostitutas trans valencia En este contexto, al estigma de ser puta se une el estigma de ser consideradas un grupo de riesgo en la transmisión del VIH. Pero, además, en la actualidad, las posiciones abolicionistas sirven de cobertura ideológica a las políticas institucionales criminalizadoras de todas las trabajadoras sexuales que no quieren pasar por las condiciones que las instituciones, sin contar con ellas, plantean. De hecho, en sentido metafórico también se podría decir que el trabajo en cadena es esclavitud o que la sexualidad entendida como débito conyugal por algunas mujeres casadas es prostitución. La puta es una categoría particular de mujer que queda diferenciada y apartada del resto de mujeres. Pero creo que estas dos metáforas sirven de poco a la hora de plantearse los problemas concretos de los trabajadores industriales o la vivencia de la sexualidad de algunas amas de casa. El interés fundamental de estas políticas es controlar el ejercicio de la prostitución considerándola fundamentalmente un problema de orden público, estableciendo las condiciones en las que el ejercicio es legal y considerando delito la actividad que se ejerza fuera. Parece que la ideología patriarcal que atribuye a los hombres una sexualidad agresiva, destructiva y descontrolada y a las mujeres el papel de controlarla, no está ausente en estas reflexiones del feminismo abolicionista. Para quienes así piensan lo fundamental es que la actividad no se vea, ya que lo que funciona es el rasero de la doble moral: por un lado se utiliza y se acepta la prostitución como un privilegio masculino. Desde el punto de vista de la construcción de los géneros, si la masculinidad se construye sobre el rechazo de la homosexualidad (así, la prohibición de las muestras de afecto entre hombres es un elemento central en la adquisición. Las buenas son sujeto de derecho y protección pero las malas, especialmente si se empeñan en seguir siéndolo, quedan desprotegidas y pierden todo tipo de derechos. Para ello es importante partir de cuáles son los condicionamientos concretos que recortan las posibilidades de actuación de los diferentes sectores de mujeres. De hecho, así lo reconocen la mayoría de trabajadoras del sexo y las teóricas del movimiento internacional de prostitutas. Se recoge así el sentido de lo que va a ser el estigma de puta, aplicado no sólo a quien trabaja en la industria del sexo, sino para juzgar a las mujeres que no son como las leyes patriarcales establecen. En este sentido, reivindiquémonos putas si con ello expresamos que somos transgresoras de los límites patriarcales a la sexualidad femenina, y malvadas porque tenemos en cuenta nuestros intereses y nuestros deseos sexuales.

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La prostitución tiene mucho que ver con la situación de subor-dinación social y laboral de las mujeres en nuestras sociedades. Las trabajadoras del sexo se han convertido en el chivo expiatorio de las inquietudes y temores que se dan en una época en la que la sexualidad se está redefiniendo y las fronteras tradicionales que separan a unos grupos de otros (hombres/mujeres, buenas/malas. Por los derechos de las prostitutas, Madrid: Talasa, 2007) m, en Hetaira, a lo largo de estos años nos hemos dado cuenta de que uno de los elementos más discriminatorios de la situación de las prostitutas es la estigmatización que sufren. En el caso de las prostitutas, las condiciones de alegalidad en las que se desarrolla su trabajo y la consideración social estigmatizada son elementos fundamentales que limitan su capacidad de decisión y actuación. Consideran que todas las prostitutas son víctimas, sin capacidad de decisión sobre sus vidas, ni tan siquiera de reflexión sobre su propio trabajo. Es necesario que las prostitutas se construyan como sujetos sociales con capacidad para hacer oír su voz y negociar sus intereses particulares. Así mismo, estas abstracciones tienen una fuerte resonancia emocional, pero en la práctica no suelen ser muy útiles para ver cómo se dan las cosas en la realidad. Nombrar a las prostitutas trabajadoras del sexo es un elemento importante en este cambio Ahora bien, también creo que esto no puede excluir el seguir llamándolas prostitutas. No en vano aún es muy mayoritario llamar puta, niñas prostitutas tailandia putas villarreal de manera insultante, a aquellas mujeres que manifiestan comportamientos sexuales incorrectos desde el punto de vista de la moral dominante o que simplemente se atreven a desafiar la situación. Pero esta constatación no puede llevarnos a ver a las prostitutas como las que colaboran y refuerzan el patriarcado ni como las víctimas por excelencia de él, como plantean las feministas abolicionistas. Tan sólo en los últimos tiempos y debido a la acción de los propios colectivos de prostitutas éstas han empezado a ser consideradas y tratadas como trabajadoras. Si cumplimos este débito se nos considera buenas. En el fondo de esta consideración late la idea de que la sexualidad masculina es esencialmente agresiva y cosifica a la mujer y que a través de la prostitución se compran los cuerpos de todas. Así, no creemos que la situación de las trabajadoras del sexo pueda reducirse al afán de dominio y prepotencia de los hombres y de su sexualidad. En definitiva, los años de dedicación colectiva a las trabajadoras del sexo y sus derechos nos han enseñado cómo éstas pueden dar la vuelta, y de hecho se la dan, a estas situaciones de subordinación. Por ejemplo, antes decía que en la actualidad las trabajadoras que captan su clientela en la calle son las más estigmatizadas. Los lugares que la puta ocupa en el imaginario colectivo, así como el estigma que recae sobre todas las trabajadoras sexuales, son interiorizados también por ellas mismas. Este estigma es uno de los pilares de la ideología patriarcal: nos divide a las mujeres en buenas y malas, catalogándonos (a pesar de todos los cambios que se han producido en los últimos tiempos) en función de nuestra sexualidad. El castigo por semejante atrevimiento es ser las que sufren el mayor desprecio y los ataques más feroces de la población bienpensante. La figura de la prostituta es una de las más estigmatizadas del imaginario sexual. Este mito sexual patriarcal de la entrega ilimitada a los hombres actúa en las visiones tradicionales sobre la prostitución ocultando la capacidad de decisión y de negociación de las prostitutas. En este sentido, una cosa es decir que las condiciones en las que se ejerce la prostitución son, en muchos casos, indignas y otra muy diferente es considerar como hace el feminismo abolicionista que lo indigno es ejercer este trabajo. Si tenemos en cuenta las definiciones que el Diccionario de Uso del Español de María Moliner da a la palabra puta, podemos ver cómo condensan una serie de rasgos que tienen que ver con las fantasías y mitos sexistas. Para una determinada corriente del feminismo, que tiene bastante influencia en los partidos de la izquierda tradicional, la prostituta es básicamente una víctima, sea de las circunstancias (pobres, con traumas infantiles o víctimas de violencia sexual. Por la importancia que en nuestras sociedades se le da a la sexualidad y porque para las mujeres la relación con la sexualidad sigue siendo algo contradictorio, no es lo mismo ofrecer servicios sexuales que otro tipo de servicios. Es la mala mujer por excelencia: objeto de deseo, sujeto de bajas pasiones, transgresora de los límites que rigen para el resto de mujeres, que concita deseos, envidia y desprecio. La puta representa por excelencia una de las fantasías masculinas al uso: la mujer que se entrega a todos los hombres y que no pertenece a ninguno. Hay que ser buenas para sentirnos protegidas. sinonimos de prostitutas prostitutas trans valencia